‘El Betamax de Genaro’: momentos estelares de la monstruosidad

El Betamax de Genaro es una película-vampiro: utiliza imágenes de archivo transmitidas en la tele (y, en menor medida, en plataformas de internet) para elaborar inusuales asociaciones sobre la monstruosa realidad peruana. De esa manera, ver El Betamax es asistir a un evento paranormal, acto en algo parecido a caminar frente a fantasmas del pasado que habitan nuestro presente, espíritus que, pese a los años transcurridos, parecen, sin embargo, no haber desaparecido y son, todavía, presencia activa, prueba del comportamiento cíclico de nuestra sociedad.

La mirada de El Betamax de Genaro es retro y renovadora y mutante y pop. Se sostiene en la inserción de documentos televisivos del ayer. Clips de ‘vladivideos’ (quizá el subgénero de mayor influencia en el Perú), noticieros, mensajes a la nación de Alberto Fujimori, bytes y cuñas musicales, reportajes, diversa propaganda y publicidad, apariciones y entrevistas a políticos, periodistas y figuretis. En resumen, mucho material de televisión (¿basura?) recopilado como insumo para hacer arte. Mucho de lo difundido en la caja boba (así se le llamaba al televisor antes de que aparecieran las mejores series de HBO, ¿no?) seguro es vergonzoso para sus protagonistas. Para nuestro beneplácito, se conservan grabaciones que permiten que la memoria sobreviva.

A una audiencia joven El Betamax le permitirá vislumbrar aspectos desconocidos de nuestra historia reciente, mientras que a los espectadores de más años (aquellos que se acercan peligrosamente a ser considerados población de riesgo) les recordará con nostalgia o desazón lo que en el filme se presenta, pero, estoy seguro, no sin carcajadas. Una oportunidad perfecta para (re)pensar el legado que Montesinos nos dejó: (re)conocer que los medios de comunicación no son inocentes en la generación de contenidos.

El Betamax de Genaro es una remezcla, una intervención de los más bizarros momentos audiovisuales realizado con bisturí de disyóquey desquiciado. Desde su propia concepción, la película es un remix en sí misma: es la organización y compilación de los irreverentes cortos que ha difundido a lo largo de los años El Betamax de Genaro, una página nacida en las trincheras de Facebook. A pesar de ser una obra producto de la urgencia de las redes sociales, no pierde su cualidad de registro llamado a perdurar: servirá de máquina del tiempo para cualquier peruano curioso, dispuesto a dejarse llevar por los atajos de su trama ecléctica y psicotrópica. No es descabellado pensar que en un futuro no muy lejano profesores de Historia del Perú proyecten esta cinta durante sus clases.

Entre las numerosas escenas llamativas, uno destacada sobre el resto: Gisela junto a Los Prisioneros. Ella increpa a la banda chilena. Se queja de ellos con su público porque no quieren tocar en su set. Se introduce después una adulona entrevista de ‘La Señito’ a Fujimori. Luego, la imagen de ciudadanos chilenos coreando “El baile de los que sobran” durante el Estallido. Un sutil recordatorio de quién es quién. Otras partes se valen de un recurso más chacotero, pero no menos eficaz. Un ejemplo: César Acuña diciendo “somos una raza distinta”, interpolada con escenas de ‘Petipán’, el líder de “La banda del Choclito” en el recordado sketch de Risas y salsas.

Miguel Villalobos, alias Man Ray, es el director/editor/curador de esta obra, el doctor Frankenstein que ha rescatado y unido estas imágenes aparentemente inconexas para dotarlas de sentido. En suma, para interpelarnos con su maña para el sampleo audiovisual.

Dos villanos del imaginario político y farandulero —Vladimiro Montesinos (el hombre que se convirtió sin saberlo en máximo representante del videoarte nacional) y Laura Bozzo (la reina de la realidad prefabricada)— aparecen en el póster (¿se le puede llamar así a lo que solo ha aparecido en un entorno digital?) de la película como personajes de Avengers: Endgame. La presencia en el largometraje de Marco Aurelio Denegri (un Virgilio que nos guía por el Infierno con música de Vangelis) se asemeja a la de Thanos. Al igual que el personaje de Marvel, en un fragmento MAD manifiesta su preocupación por el destino de la especie humana. Dice que “los corruptos somos nosotros” y que “la monstruosidad nos es consustancial, nos es inherente: es una monstruosidad intrínseca”. La escena poscréditos (vitales en recientes películas épicas) incluye al ‘Chato’ Barraza recitando un barroco mensaje contra el pesimismo.

El Betamax de Genaro se apropia de la lógica del zapping zafado para mostrarnos los momentos estelares de la monstruosidad en el universo pop peruano y, de paso, se confirma como un brillante ejercicio para la memoria, un remedio contra el olvido. //

La película completa se puede ver aquí:

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